Discurso Pronunciado por el Rector de la UNEV en la XLIII Graduación - Universidad Nacional Evangélica - UNEV
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Nuevamente toca a nuestra casa de altos estudios la celebración de esta solemne ceremonia de investidura, que se cuenta como la número 43, es decir, nuestra Cuadragésima Tercera Investidura Uneviana,  con la cual aproximamos ya, la entrega de  unos catorce mil egresados.

Para la ocasión,  celebramos este solemne acto,  en el contexto de  los festejos  de nuestro 29 aniversario,  teniendo el honroso privilegio de entregar a nuestra amada  nación 864 nuevos profesionales, que se incorporan al aparato productivo  nacional y a los renglones de servicios, en sus diferentes áreas de competencia.

Hace algún tiempo, recuerdo, que llamó a mi celular uno de los viceministros del Ministerio de  Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT)  bajo el mando de la honorable ministra Ligia Amada Melo. La llamada en ese entonces me resultó sorpresiva, pues no  tenía  ningún vínculo con el mencionado funcionario; él se presentó y muy emocionado me dijo que se sentía altamente complacido por las noticias que circulaban de nuestra universidad; ¿a Cuáles noticias se refiere? le pregunté, el respondió: “al magnífico trabajo que están haciendo los egresados de esa universidad; las informaciones  me llegan de todas partes”, agregó. Esta llamada me hizo reflexionar profundamente; lo primero que pensé fue “cuan adentro   nos encontramos  en el bosque los que trabajamos en esta academia del Reino.

Estamos tan inmersos en el vientre de nuestra alma máter que no podemos ver lo que sucede fuera. Necesitamos entonces que alguien venga para testimoniar de la inmensa luz que sale desde dentro y de las grandes proezas que acompañan a nuestros egresados. Ellos están replicando el modelo aprendido; por lo que, se  comportan como hombres nuevos y mujeres nuevas, cuyo compromiso es el cambio, la transformación y la renovación de la sociedad. Ello nos hace recordar aquellos tiempos memorables,  cuando los primeros cristianos llegaron  a la patria del hoy primer ministro Alexis Tsipras, a la sufrida y atormentada Grecia. Su llegada a ese  país provocó el espanto de los helenos, que reaccionaron diciendo: “Estos que trastornan  el mundo también han llegado aqu픝. Estos acontecimientos se  recapitulan en la Grecia dominicana, gracias al trabajo de nuestros egresados. Ojalá que esta forma de trastornar, y de transformar, alcance toda la Isla, y aún surque los mares.

El mundo actual tiene sed de estos actores, los anhela y clama por ellos. Y ustedes, apreciados graduandos, están a punto de salir a la arena; ustedes comparten el mismo ADN de los egresados que motivaron la llamada del viceministro; ni más ni menos; anden, corran, los tiempos lo demandan. Esta patria de Duarte les espera; que todo el mundo lo sepa, que la gente  les aclame; muestren su distintivo de  profesionales comprometidos, con corazón del Reino; corran  la milla extra; no se preocupen, trastornen, trastornen; golpeen, así caerán los muros de la  adversidad, de la indiferencia, de la injusticia, de la desigualdad, de la pobreza.

Hoy la pregunta que un día le hizo el  Señor a Moisés todavía está vigente para ustedes: ¿Qué tienen en sus manos? Por supuesto que no se trata de una vara. Se trata de ciencia, de conocimiento, pero aún más, de valores, de fe; anden, corran, manifiéstense a la nación y al mundo, ya hace mucho tiempo que les han estado esperando.

Señoras y señores, este discurso lo  pronunciamos faltando pocos  días para poner término a nuestra gestión de nueve años, nueve años sumergidos en una maravillosa aventura del Reino; ha sido como un tiempo de película, en donde el cielo ha descendido para decirnos, en platónico lenguaje, que cuando nos ponemos en las manos del Dueño, las posibilidades se hacen infinitas.  Siendo este nuestro último discurso, nos gustaría  agotarlo orientándolo a un tema,  desgastado por el uso, y que se ha quedado en sólo palabras. Estoy haciendo referencia  al manoseado tema de los valores.

Como ya es costumbre en nuestro país, las cosas llegan por tiempo, pasan de mano en mano como el dinero, llegan a ser moda, así vemos desfilar plantas panaceas, que lo curan todo; llegan y se van, como la olvidada jayama, el nim, el noni,  la uña de gato, y esa que llegó de último, la  Moringa oleífera, libertad o como alguien llegó a llamarle: “la planta de Fidel”. Así es el tema de los valores, un tema coyuntural y de conveniencia,  que nos hace pensar en esas incisivas palabras pronunciadas por el Maestro de maestros: “este pueblo de labios me honra pero su corazón está lejos de m픝.

Es nuestra convicción que la sociedad y el mundo se encuentran en un proceso creciente de involución, de deriva o como en algún otro momento hemos  dicho, de creciente entropía. Esto se refleja en una profunda crisis existencial y de identidad, en el hedonismo exacerbado, el avance en la legalización de las drogas, el “complejo Maynard” o suicidio asistido; el matrimonio entre personas del mismo sexo, la crisis del  matrimonio heterosexual, la victimización de la mujer y otros flagelos propios de nuestros tiempos y de una sociedad en retroceso, resultado de la Babel postmodernista, que postula un enfoque relativista de los valores, promoviendo el establecimiento de “tiendas  por departamentos”, a los fines de que cada quien compre conforme a su gusto y preferencia. Como lo señala  el filósofo postmodernista Gianni Vattimo: “Ahora que Dios está  muerto, queremos que vivan muchos dioses. Queremos movernos libremente, mas sin ninguna redondez clásica, entre muchos cánones, entre muchos estilos”¦ viviendo el tormento de la multiplicidad”.

De manera que vivimos el tiempo de la confrontación de los valores tradicionales o meta-relatos, lo que nos sirvió para definirnos como niños, niñas, hombres, mujeres, familia, sociedad, patria, país, creyentes, entre otras categorías. Es  una verdadera crisis del ser, de la cultura, que toca el aspecto teleológico, es decir el propósito, el sentido de la vida, la razón misma de la existencia.

Y el caballo de Troya en medio de este relativismo ético- cultural ha pasado a ser el neo-darwinismo, que nos reduce a meros entes biológicos, equiparados a pollos de granja; el propósito se orienta a sumergirnos  en un laberinto que no nos permita salida del estadio animal, a los fines de abrir puertas a prácticas, tales como son: la eutanasia, el libre uso de las drogas, la interrupción voluntaria del embarazo en cualquier momento, y a otras manifestaciones  que atentan contra la continuidad de la especie humana en el globo terráqueo.

A esta altura, permítanme acudir al más admirado de los escritores  daneses, a uno de los genios más grandes que ha dado a luz Dinamarca, por supuesto que después de Soren Kierkegaard. Me refiero al célebre cuentista Hans Christian Andersen,  de quien me permitiré usar una de sus más conocidas obras en el género mencionado, aprovechando el hecho de que sus narraciones fueron escritas para la diversión de los niños, pero también para una profunda reflexión de los adultos. Por ello les invito a que demos una ojeada a una de sus más celebradas obras, nos referimos a: “El Traje nuevo del Emperador”, también conocido como “El rey desnudo”. Estoy convencido que esta narrativa resume y retrata  lo que sucede  en medio de este caldo relativista que lo corroe y lo destruye todo. Para los que no han leído el cuento, me permitiré resumirlo:

Se trata de un rey que era comedido en todo, excepto en  la compra de ropas, lo cual hacía compulsivamente. Un día se encontró con dos estafadores, los cuales se hacían pasar por sastres geniales. Estos propusieron al rey  fabricarle un traje con la tela más suave y delicada jamás conocida. Esta tela, según ellos, además era invisible a  los ojos de los tontos. El rey, maravillado, ordenó un traje, pagándolo por adelantado.

Todo el pueblo fue enterado del famoso traje y de que sólo a los tontos se les hacía imposible ver sus maravillosos detalles. ¡Y llegó el día esperado! “el día del desfile”. Ese día hicieron desnudar al rey para vestirle con su maravilloso traje. Los estafadores hicieron gestos como que le vestían, pero le dejaron totalmente desnudo. Terminado de “vestir”, el rey mismo se veía sin ropas pero guardó silencio, no quería ser acusado de estúpido; inició el desfile y el pueblo atónito vio marchar a su rey completamente desnudo, pero todo el mundo guardó silencio, nadie  quería ser acusado de tonto. Finalmente apareció  un niño, un inocente niño,  el cual gritó: ¡pero señor rey, usted va desnudo! A partir de ese momento el desfile se detuvo y el rey corrió avergonzado.

Este cuento ya es una  realidad de nuestro tiempo, a todos nos están vistiendo con el traje del rey. Nadie quiere hablar. Tenemos miedo de un rosario de acusaciones que han sido cuidadosamente inventadas en función del  antivalor del momento, como por ejemplo: cavernícola, intolerante, homofóbico, anticuado, desfasado y hasta energúmeno. Se trata de conminarnos a ponernos el traje con  la obligación de guardar silencio, a menos que queramos que nos tilden de  estúpidos, locos o descabellados. Se trata de  vestirnos con un traje de antivalores para que los aceptemos como  valores sublimes.

Ojalá que, cual el niño del cuento, podamos dar la voz de alarma con un grito estridente, que nos haga ver que nos están desvistiendo para dejarnos al  desnudo, desnudos de los más nobles y trascendentes valores, valores que han servido para marcar la diferencia entre un ser humano y un animal.

Gracias a Dios, por los que tenemos el ADN uneviano, y sabemos que ustedes lo tienen queridos graduandos y queridas graduandas. Así que sean ustedes aquel niño que dijo la verdad al rey; y no se       avergüencen ni les importe el qué dirán. De hecho, fue nuestro maestro que nos ordenó ser  como los niños. Así que, por qué guardar silencio frente a los avanzados procesos de involución y animalización que confronta nuestra sociedad.

Es en este contexto cuando cobra sentido una frase aparentemente incomprensible que aparece en el Libro Santo, aquella que reza: “cuando digan paz y seguridad, entonces vendrá destrucción repentina”. ¿Por qué destrucción si la paz es buena? Ahora podemos entenderlo, se trata de una paz y una tranquilidad basada en un programa de inversión de valores, en donde a lo bueno se le llama malo y a lo malo se le llama bueno; es una paz humanista,  quizás basada en preferencias aberrantes, cuya  consigna es “calla y haz lo que quieras”.

Bien podríamos decir que el hombre de hoy sufre el cansancio de la rutina o la rutina del cansancio; de  insensibilidad hedónica, lo que le lleva a la búsqueda de nuevas y alucinantes experiencias, a una aventura infrahumana que le deje en el centro mismo de la jungla; se aspira a un estilo de vida en contranatura, que cual efecto naipe, haga rodar por tierra el edificio de valores que durante miles de años ha sustentado a la especie humana, al Homo sapiens creado. Nietzsche, en su obra “Así habló Zaratustra” llegó a plantear, de cara a este aburrimiento existencial, la vuelta al dios Baco, dios del vino, de la lujuria y de las orgías.

Lo cierto es que hoy estamos necesitados de aventuras, pero no de aventuras de jungla, sino de aventuras del Reino. Esto es, que por un lado estemos conectado al Eterno y por otro lado nos conectemos al prójimo; que bajo esa sinergia divina, cual Jesús, resucitemos muertos, demos vista a los ciegos, oídos a los sordos, voz a los mudos y libertad a los cautivos. De la misma manera, que como prójimo, alimentemos hambrientos, eduquemos pueblos, reduzcamos  pobreza;  en fin, que hagamos un ejercicio profesional  centrado en los demás. Esto está relacionado con el propósito de la universidad que es ayudar en el proceso de desanimalización humana, así como crear un ser humano más transcendente y menos primate. Esa es la razón de educar, tal vez basado en esto, Gabriela Mistral, la conocida poetiza chilena, acuñó su ya célebre afirmación: “La educación es la forma más elevada de acercase a Dios”.

Por tanto, seamos cautos, no nos dejemos vestir con el traje del emperador. Por suerte, aquí en nuestro país todavía estamos a tiempo.

Quisiera, al final, dar gracias al Todopoderoso por los variados milagros: financieros, tecnológicos, deportivos y de todo tipo. Lo sucedido nos ha obligado a adoptar la frase ya mencionada: “aventura del Reino”. Eso es lo que hemos vivido en estos últimos años, una apasionante y emocionante aventura de fe. De manera que, en víspera de iniciar un proceso que culminará con la elección de nuevas autoridades, nos permitimos agradecer a toda la familia uneviana su entrega y  sacrificio para hacer posible la consolidación de esta academia, acercándonos a lo que bien podríamos llamar   “la Edad de Oro de la UNEV”.

Estamos claros en que los grandes logros nunca son obras de una persona, tampoco de algunos. Se trata del esfuerzo y el aporte de muchos; de gente de adentro y gente de afuera. Es por ello que  agradezco el apoyo y el espaldarazo del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología,  en la persona de la apreciada ministra, la Dra. Ligia Amada Melo de Cardona, por su apoyo incondicional, así como  por la implementación de programas que nos han permitido crecer como institución. Me refiero al Plan de Mejoras, resultado de la última Evaluación Quinquenal,  a los programas de revisión curricular de las diversas carreras, así como al programa de financiamiento de investigaciones (FONDOCYT), el cual nos ha permitido fortalecer el área de ciencias básicas, de manera que por cuatro años consecutivos y mediante concurso por oposición  hemos logrado el acceso a cuantiosos fondos para el equipamiento de laboratorios y el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

No cabe duda que el trabajo tesonero de la actual ministra, va guiando nuestras academias de una cultura eminentemente docente hacia una cultura de Investigación y Desarrollo (I+D), lo cual se complementa con la promoción del emprendimiento universitario, un programa de búsqueda de talentos impulsado por el MESCyT en nuestras universidades. Creemos que de mantenerse este modelo de incentivo a la ciencia, a la tecnología y al  emprendimiento, llegará el día cuando la República Dominicana se convertirá en una especie de “Tigre  del Caribe”, siguiendo el modelo de algunos países asiáticos, verbigracia Corea del Sur y Taiwán.

La afirmación anterior nos deja la convicción de que la educación superior en la República Dominicana atraviesa por su mejor momento, lo cual no significa que hayan desaparecido los retos y desafíos consignados en el Pacto por la Educación, pero somos optimistas y creemos que el vaso está medio lleno; no creemos en hecatombes, tampoco en  amenazas ni en algún peligro que se avecine para el Sistema de Educación Superior; eso sólo sería posible si las academias fueran una constante y no una variable, pero somos  entes dinámicos que  crecemos  y nos  renovamos.

En el 2010, cuando finalizó la evaluación quinquenal, el 90% de los estudiantes de UNEV recibían docencia en planteles públicos, colegios  e instalaciones  rentadas; apenas contábamos con 26 aulas propias. Hoy nos acercamos a las doscientas aulas; hace cinco años nuestra academia era eminentemente docente, hoy estamos entre las cinco universidades con más investigaciones en curso, con más laboratorios de ciencia básica y con más científicos dedicados a la investigación, al tiempo de contar con uno de los presupuestos más altos destinado a I+D, incluyendo la contribución de fondos propios. Esto para no hablar de nuestras proezas en el deporte universitario.

Los logros obtenidos señalan que la última evaluación quinquenal no fue en vano, está dando sus frutos; por primera vez las universidades se vieron compelidas a cumplir con el  Plan de Mejoras, previamente pactado con el MESCyT. No hay dudas que esa evaluación quinquenal por mucho tiempo ha de ser el antes y el después de la educación superior en la República Dominicana.

Nuevamente nuestras felicitaciones a la honorable ministra Dra. Ligia Amada Melo por su acertada gestión.

Agradecer también a la Asociación de Rectores Universitarios (ADOU), en la persona de su presidente el Lic. Ricardo Winter y a  José Ramón Holguín, presidente de la Asociación de Universidades no alineadas (AUNA), ellos también comparten el ADN uneviano y han sido amigos incondicionales de esta gestión, y por supuesto, de esta universidad.

Apreciados graduandos y graduandas: de nuevo les felicito y auguro para ustedes los mejores éxitos, recordándoles que apenas han llegado a la orilla del inmenso océano del conocimiento. De manera que el reto está planteado, sigan adelante, vuelen alto, sea su límite el cielo; y háganlo todo para la gloria y honra de Dios.

Todo el honor, toda la honra, toda la gloria para el Dios del universo, él ha sido nuestra inspiración y fuerza para el trabajo; dígnese él en elegir un relevo capaz de dar continuidad a esta visión académica- institucional, que es también visión del Reino.

¡Éxitos y que el Señor les bendiga!